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Saber de los verdaderos orígenes de la ciudad de Madrid, es bastante complicado. Hacer una historia corta de Madrid puede ser un oxímoron. Apenas se especula de que el emir Muhammad I fue quien construyó una fortaleza llamada Mayrit cerca del río Manzanares, durante la época musulmana. Su intención era vigilar las posibles invasiones que pudieran hacerse de esas tierras. Los habitantes de la fortaleza fueron cambiando, hasta llegar a Alfonso VI, con quien fue creciendo la villa de Madrid.

Solo fue hasta 1561 cuando Felipe II quisiera trasladar la corte hasta Madrid, fue allí donde el foco le dio relevancia a la ciudad. Se empezaron a llevar a cabo algunas pequeñas reformas pero que el crecimiento social no permitía mantener. Fueron realmente los Borbones en 1706, quienes empezaron a hacer grandes mejoras urbanísticas en Madrid.

Felipe V, por citar un ejemplo, construyó el Puente de Toledo y aprovechó la destrucción del Mayrit con el que comenzó esta historia, para levantar el Palacio Real que aún se mantiene firme en ese lugar. Carlos III también puso de su parte con embellecer la ciudad y generar alumbrado público, suelos empedrados, limpieza de las calles.

Pero la desigualdad económica, y las guerras napoleónicas, sobre todo la del 2 de mayo, hicieron que estos avances se congelaran. Más que generar un retraso en la construcción de una mejor ciudad, se paralizaron hasta finales del siglo XIX. Fue en esta época que diversos comerciantes se hicieron de conventos y edificios concernientes a la iglesia para demolerlos y construir barrios que luego ocuparían emigrantes de distintos países y provincias.

Fue debido a la Segunda Guerra Mundial que Madrid se transformó en una potencial fuente de producción e insumos. Esto favoreció a la modernización de la ciudad, en la construcción de empresas de desarrollo. Creando así, poco a poco, a la Madrid que hoy conocemos como una de las ciudades más organizadas, monumentales y progresistas de Europa.

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